
El contraste y la diversidad definen el paisaje de Navarra. Los cerrados valles del norte influenciados por los Pirineos, y hacia el sur, las montañas que se abren a amplias llanuras han conformado el carácter noble de sus gentes. Amables y hospitalarias, sus rasgos quedan patentes en los pueblos de la zona.
El conjunto de sus tradiciones aún conservadas en danzas y fiestas, muestran el modo de ser y vivir de las gentes de la provincia. Esa naturalidad y autenticidad de los navarros, queda de manifiesto a la hora de compartir con visitantes las celebraciones de una tierra que cautiva.
Conscientes de su riqueza, los navarros invitan a sentirla ofreciendo sus completos alojamientos: hoteles, hostales, aparthoteles, albergues, o casas rurales ubicadas en la provincia y donde un sinfín de comodidades se aglutinan en edificaciones hechas con mimo.
Un deleite para los sentidos poder acariciar la escarpada silueta del Pirineo en paseos, o escuchar el silencio de ese desierto llamado Bárdenas Reales, o de cualquier sendero de bosques donde se encuentran salpicados dólmenes y cuevas milenarias.
Sólo siendo conscientes de su legado han podido fomentarlo. Que cualquier visitante se sienta como en casa es para los navarros una obligación, y han encontrado la solución en el turismo rural, en las numerosas casas rurales. Casas de excepcionales instalaciones que favorecen el descubrimiento de una tierra con olor a tradición.
Gracias a ellas, será partícipe del carácter de sus gentes y saboreará la variada gastronomía en una tierra de exquisitas carnes y sabrosas verduras, por no mencionar sus excelentes vinos.
Navarra es una pequeña gran región donde los sentidos se entremezclan.
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