
Con una orografía saturada de contrastes que determina su gran diversidad paisajística, la provincia de León se constituye de verdes valles, altas cumbres, angostos desfiladeros y gargantas, compactos bosques de hayas, robles y avellanos, penachos calizos y transparentes ríos.
Cuatro son las comarcas que la componen: Montaña, Bierzo, Páramos-Ribera y La Cabrera, el sector septentrional se inicia en Peña Ubiña y continúa hasta el complejo calcáreo de los Picos de Europa, cuyos fenómenos de glaciarismo y cársticos en las cumbres han modelado un impresionante paisaje. En el sector occidental, las Montañas Galaico-Leonesas, se caracterizan igualmente por las huellas glaciares de calidad ambiental como los Lagos de La Baña y Truchillas, pero sin duda, la peculiaridad la constituye la llamada “hoya” de El Bierzo, depresión tectónica encubierta bajo depósitos terciarios y que han dado lugar a un paisaje de campiña y amplias vegas que contrasta con el cerco montañoso que la rodea.
Son sus pueblos de montaña, de piedra gris y teja roja los que dan la bienvenida a los viajeros que deciden acercarse y hospedarse en las múltiples moradas que dispone la provincia de León. Pueblos como Casas de Luna, Cazalla de la Sierra, Lavandera, Pueblo de Lillo, Sahagún, San Cipriano de Sanabria, o Serrilla albergan casas rurales, hospederías, hoteles o refugios, que dispensan al visitante el calor y las atenciones para que se sientan como en casa.
Pueblos, muchos de ellos, de cepa montañesa, de gentes toscas y entrañables como el propio paisaje, que conservan orgullosos sus tradiciones y las muestran al forastero a través de su rica gastronomía y su emblemático patrimonio. Rutas por la Ermita de San Froilán, la de Boinas, el Caserón Noble de Cármenes, el Santuario Mariano de Manzaneda de Torío y Curueño, dan fe del linaje y profunda historia de la provincia de León, que los salvaguardan con cariño para que todos podamos amar como ellos cuando recalemos en los hostales, casas rurales, o paradores de estas tierras.
Recorridos que asombran y sobrecogen por su belleza, los apacibles paseos por el Valle del Marqués, las impresionantes vistas de las Hoces de Vegacervera, donde el valle alto del río Torio y la erosión fluvial de la roca caliza han dado lugar a una garganta de grandes paredes verticales que se levantan a ambos lados de las orillas del río. O sorprendernos con los hayedos de la Atalaya de la Cueva de Valporquero, una inmensa boca por la que, acompañados de un cristalino arroyo, podemos descubrir ocultas e increíbles maravillas subterráneas.
Rincones que constituyen el motivo esencial para abrazar esta tierra.
Las Médulas, la tierra removida por el oro
Canopy: suspenderse en medio de la nada