
Naturaleza privilegiada, kilómetros y kilómetros de paisajes totalmente diferentes donde los colores se suceden: desde el rojizo de la tierras del sur en las que crecen los viñedos, hasta el verde de los valles.
Lugares como las montañas de Aramio, llamada la “pequeña Suiza”, nos dan una idea de la belleza irresistible de una zona que contempla, nada menos, que 20 espacios protegidos. Zonas por la que podemos movernos gracias al esfuerzo humano por comunicar todos y cada uno de los pueblos regados por la provincia. Pueblos como Hijona, Corro, Ozaeta, Salinas de Buralon o Samaniego, ofrecen al viajero la oportunidad de descansar en sus cientos de espléndidas casas rurales ubicadas en parajes absolutamente deliciosos.
Reposo, silencio y belleza, una mezcla imposible sin el respeto de la acción del hombre con su entorno. Por eso, las casas rurales de la provincia de Álava respiran carácter y dominan la esencia del alojamiento rural. Casas donde se percibe el aroma labriego y que han sido reformadas con esfuerzo y cariño por sus propietarios.
Mención a parte merece su gastronomía, ese buen gusto a la hora de comer que ha hecho a los vascos merecedores de fama mundial. Es en sus pueblos, donde se aprecia con más fuerza esa manera tan sabrosa de conocer la tierra, donde algunos de sus conocidos platos se saborean de la forma más auténtica.
Estancias inolvidables en una Álava alegre, hospitalaria y tremendamente variada.
Canopy: suspenderse en medio de la nada